Carta de amor al Señor

Expresiones de un alma enamorada a su eterno Amado

Introducción

carta de amor Todo ser humano tiene la necesidad de Dios, por esa necesidad, nuestra alma tiene que ser redimida por nuestro Señor  Jesucristo, sin cuyo perdón nadie puede ser salvo de pecado.


rosa

Mi alma siente deseo y anhela su presencia, ruego su amor me sea confirmado por sus labios, no hay nada comparable como su cariño y su presencia; sus bendiciones son tan deseables como  el aroma  y dulzor para el mejor vino; su fragancia es purificación para mi propia alma.

Quienes lo conocen, con razón lo aman con pasión.
Los amigos que han oído de El pero no lo conocen, me preguntan cómo conocerlo, desean tener una relación más personal, porque conocerlo es lo mejor que puedan lograr en sus vidas.
Por gracia fui conocida por El;   desde que me engendró  en el vientre de mi madre. Las normas en los seres humanos  nos desvían y no seguimos sus mandatos, por eso nos descarriamos y descuidamos sus mandamientos. Una vez  que oímos de El, deseamos  querer amarle, y seguirle  y tener la oportunidad de conocerle y tenerlo como un entrañable amigo.

El en su infinito amor siempre ayuda a quien le quiere encontrar, dándole ternura y paz. Para El ese alma tiene un valor especial y lo quiere recuperar.
El es la Rosa de Sarón, el Lirio de los valles.

Para mí conocer al Señor es supremo,  lo más maravilloso que me ha pasado en la vida, lo llevo dentro de mi corazón.  Como un tesoro no se puede comparar ni con la  mejor fragancia, sólo anhelo ser sustentada por su perfume y alimentada hasta saciar mi alma.

Cuando oí su voz, mi alma  se sintió gozosa,  sé que me observa y cuando menos lo espero siento su presencia.
Mi amado me dijo: Levántate despierta de este letargo invernal, ya brotan las flores del campo, los viñedos esparcen su aroma. Levántate  y ven conmigo amada mía, tú que te escondes, muéstrame tu rostro, hermoso es tu semblante deseo oír tu voz, escucharte será placentero.
Siempre hay zorras que desean arruinar los viñedos donde  dañan las viñas en flor; hay que atraparlas.
Siempre esperando está, cuidando de su rebaño.
corazónMi deseo es tener continuamente su presencia cerca de mí, por las noches siempre  mi alma lo busca, pero no lo encuentro, lo necesito pero no lo hallo; en un tiempo de desesperación, lo vuelvo a encontrar, el amor de mi vida. Lo abrazo y sin soltarlo lo llevé dentro de mi corazón donde me conoció por primera vez.

Los amigos se asombran y ven cómo ha habido en mí esa transformación, por eso se  preguntan curiosos como fue ese cambio tan importante que ven en mi.
Siempre me vio hermosa, aun cuando no me había percatado de su preciosa presencia. El siempre estaba esperándome y yo inconsciente con la mirada puesta en los fascinantes y exaltantes atractivos del mundo. Sin discernir el gran peligro que corría alejándome del amor de mi Señor.

Fui siempre un jardín  cerrado, una fuente sellada a la espera de algún tiempo poder brotar.
Mientras yo dormía mi corazón velaba, al oír la voz de mi amor que me llamaba. 

¡ ¡  Ábreme, déjame entrar!!

Mi amado pasó junto a mí,  y  creciendo yo como planta silvestre, desarrollando y descuidando mi alma. Por eso al oírlo se  conmovió mi corazón. Me levanté, abrí a mi amado y ya no estaba allí, se había marchado. Tras su voz se fue mi alma.
Los amigos me vieron desconsolada porque estaba enferma de amor.
Que es lo que tiene tu Señor para que lo desees tanto.
Mi Señor es todo El, hermoso, codiciable donde mi alma tiene consuelo y plenitud de gozo, es mi roca fuerte, manantial de agua viva donde se abastece mi alma.
rosas¿ Dónde se encuentra tu amado? Queremos conocerlo y buscarlo contigo.
Mi amado esta en su jardín apacentando su rebaño entre los aromas para recoger los lirios.

Para el Señor en la entrega total de mi alma, ve en mis ojos  el deseo de mi corazón. Por eso soy de gran valor, soy única, perfecta entre todas las doncellas, me ha bendecido.

Los amigos se preguntan quien eres, tan bella y radiante como el sol, vuelve, vuelve que te miremos. Hermosa  hija de príncipe.

Yo soy de mi amado y conmigo tiene contentamiento,  por su gran amor y paciencia me ganó. Por eso mi alma se rinde a tí alabando y glorificando tu nombre, ya nada ni nadie me separará de tu amor.  Grábame  como un sello en tu corazón, llévame  como marca en tus manos, porque tan fuerte como la muerte, duro como los celos, es tu amor; pagaste mi propio castigo mortal agonía. Como fuego de llamas divinas es tu pasión, ni las terribles aguas del juicio la podrán apagarm, ni los ríos ahogarán este grandioso amor.
Los amigos esperan escucharme.
El Señor quiere oírme.

Mi alma le contesta con todo mi amor, Corre ven Señor, contigo quiero seguir bebiendo del agua de la vida en  las montañas de los aromas.

Maria del Carmen M. Abad


| Escribe al Autor | Categoría: Adoración | Capítulos de este tema: 1 | Ir al siguiente tema »