La Familia 2º Parte

El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres.


Introducción

 

A través de cualquier informativo vemos numerosas historias de personas matando, o maltratando a sus semejantes; verbal o físicamente.
Abundan los relatos de jóvenes que matan a otros para robar una  chaqueta o una mochila, de poco valor,  en comparación con una vida.

Leemos sobre millones de abortos. Hay una disposición hacia la eutanasia. Y observamos en la televisión las sangrientas imágenes de la guerra sin pestañear. En todo esto reconocemos una tendencia en nuestra cultura: la vida está perdiendo el valor.

La vida está perdiendo el valor

 

 

El ser humano es distinto del resto de la creación.
Aún en esos programas que parecen inofensivos, porque hablan de la vida de los animales, consideran a los monos como nuestros antepasados.
Debemos estar siempre atentos, como un soldado con su arma cargada, para tener la respuesta bíblica que nadie puede desautorizar.
Dios  determinó desde el principio, que la humanidad habría de poseer la imagen y la semejanza divinas. Y así fueron creados la primera pareja de hombre y mujer.


Los humanos son seres espirituales;  no son sólo cuerpo, sino también alma y espíritu. Son seres dotados de moral, inteligencia, percepción y determinación propia. Estas propiedades incluyendo el alto orden que Dios les asignó en la creación, dan una idea cabal  de su  valor esencial, que  supera al de cualquier otro ser creado.


La capacidad y la habilidad son una responsabilidad y una obligación. Nunca debiéramos conformarnos con vivir en un nivel más bajo del que Dios ha previsto para nuestra existencia.


La Paternidad

 


La humanidad es una familia universal. (Malaquías 2:10) “¿No tenemos todos un mismo padre?”  “¿No nos ha creado un mismo Dios?”

Todos formamos parte de una comunidad mundial.
Dios es padre de todos, porque es quien nos dio la vida
Esto no se contradice con lo que dice Juan en su Evangelio:

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”

Esto quiere decir que aunque Dios es padre de todos, solamente aquellos que cumplan con este requisito recibirán la potestad de ser hechos hijos de Dios. Algo similar a la salvación: Jesús murió por todos, pero sólo los que creen en Él serán salvos.
Podemos encontrar personas que crean y digan que Dios es su padre, y es verdad. Pero si esa persona no ha recibido a Jesucristo, no tiene la potestad de ser hecho hijo de Dios.
El Padre nunca se alejó; ha sido el hombre el que se apartó de Él renunciando a ser Su hijo.
El padre del hijo pródigo siguió siendo padre aún cuando su hijo lo abandonó. Pero él no tenía la potestad de disfrutar las bendiciones que provenían de su padre.
“¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!”

 

Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre les dio potestad de ser hechos hijos de Dios

 

 


La Hermandad

Hermanos abrazadosDesde el  principio,  en la Escritura, Dios concede importancia a las relaciones fraternales. Caín, luego de quitar la vida a su hermano Abel, le pregunta a Dios: “¿Soy yo acaso guarda de mi hermano?” La palabra utilizada para «guarda» (del hebreo significa «resguardar, proteger, atender o considerar»

Todas las alteraciones en el orden familiar y social, como el homicidio, el abuso (en todas sus formas) y un escaso concepto de la vida, se inició cuando entró el pecado y rompió  el verdadero concepto y funcionamiento normal de la vida con el que fuimos creados.
Un “pequeño” pecado de desobediencia de Adán y Eva, abrió la puerta a un horroroso crimen. Esto nos hace ver la gravedad  de los llamados  “pecados pequeños”.
En la 1ª Carta de Juan leemos que Caín mató a su hermano porque sus obras eran malas, y las de su hermano Abel eran  justas.
No sólo somos “guardas” de nuestros hermanos y hermanas, sino que se nos llamará a juicio por la forma como los tratamos.  (Mateo 25:40 y 45)
A través de toda la Escritura hallamos que Dios siempre trata de llegar a  las personas para atraerlas, y alcanzarlas con su amor. Nos llama para que hagamos lo mismo con los demás. El problema viene cuando nuestra naturaleza íntima de pecado nos presiona a actuar en forma diferente,  como: «haciendo lo que hace la mayoría». Una vez que reconocemos que Dios nos ha llamado a amar y a ser responsables los unos por los otros, el siguiente paso es darnos cuenta de que cada vida es sagrada en todas sus  etapas. La vida es sagrada porque el Creador mismo nos ha dado aliento de vida.
De este modo, nuestro valor procede de nuestro Creador. Pero si decidimos negar al Creador, negaremos el valor de la  humanidad.


Nuestro lugar en la Familia

 

 

Nuestro lugar en la familiaDios condenó a los israelitas que sacrificaban a sus hijos al dios pagano Moloc. (Levítico 20.2) 
Al actuar de esa manera manifestaban  que los seres humanos no valían nada.        
Lo mismo ocurre en nuestros días. Desde el momento en que ocurre la concepción de un nuevo ser  en el vientre de la madre, comienza un proceso de desarrollo que continúa hasta la edad adulta.  El aborto constituye definitivamente un crimen. Es interrumpir ese proceso y suprimir una vida humana, ya que la Biblia muestra que la vida comienza con la concepción.
Dios nos forma cuando estamos en el vientre de nuestra madre (Salmo 139.13). El profeta Jeremías y el apóstol Pablo fueron llamados desde antes de su nacimiento (Jeremías 1: 5; Gálatas  1:15). 
Juan el Bautista saltó en el vientre de su madre cuando se escuchó la voz de María, la madre del Señor (Lucas 1:44). Obviamente, los niños poseen identidad espiritual desde que están en el vientre de sus madres.

La Biblia no es más específica en el caso del aborto porque tal práctica era algo impensable para el pueblo de Dios. Por ejemplo, cuando Israel estaba en Egipto, un faraón cruel forzó a los israelitas a matar a sus niños recién nacidos. Nada dice de los que estaban en gestación. En la Biblia se considera este incidente como el más alto exponente de la crueldad y opresión (Éxodo 1.15–22). La idea de matar a sus propios hijos era maldición entre los hebreos. A todo lo largo del Antiguo Testamento, las mujeres soñaban con tener hijos. Los hijos se consideraban un don de Dios. Las mujeres imploraban no estar estériles. ¿Cómo puede una mujer destruir a su propio hijo? El aborto no sólo es inconcebible, sino el máximo exponente de la barbarie humana.
Todos tenemos una identidad y un lugar desde que nacimos en la familia. Tenemos que tomar nuestro lugar y actuar conforme al lugar que estamos ejerciendo.

Si somos padres y madres, actuemos en la función de padres y madres.
Si somos esposos y esposas, actuemos en la función de esposos y esposas.
Si somos hijos e hijas, actuemos en la función de hijos e hijas.
Si somos abuelos y abuelas, actuemos en la función de abuelos y abuelas.
Toma el lugar que Dios te asigno y se de bendición en ese lugar.


Oremos por la salvación de nuestras familias y propongámonos en los próximos meses conquistarlos para Cristo.
Intentemos demostrar nuestro amor los unos con los otros y especialmente restaurar conflictos familiares.
Vamos a orar y tomar nuestro lugar, para los que son padres y los que no como hermanos.
Hijos, sean hijos. Padres, sean padres. Abuelos, sean abuelos y sean de bendición en su posición.
Recuerda que no solo tienes una familia de carne, sino una familia espiritual. Todos somos parte de la misma familia, la Familia de Dios, el Cuerpo de Cristo


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