Ríos de alabanza y gratitud

3ra. Semana de Enero de 2010

 

LUCAS 1:39-56


María visita a Elisabet
 

39 En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá;

 

40 y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet.

 

41 Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo,

 

42 y exclamó a gran voz, y dijo: Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre.

 

43 ¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?

 

44 Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.

 

45 Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor.

 

46 Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor;

 

47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

 

48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones.

 

49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre,

 

50 Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen.

 

51 Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones.

 

52 Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes.

 

53 A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos.

 

54 Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia

 

55 De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre.

 

56 Y se quedó María con ella como tres meses; después se volvió a su casa. RVR60

 

MaríaEl emotivo encuentro de María y Elisabet, dos madres con experiencias sobrenaturales tan similares, da lugar a uno de los himnos más preciados en la liturgia cristiana: el Magnificat. Ambas fueron sorprendidas por sendos anuncios del ángel Gabriel de que tendrían un hijo; Elisabet había concebido a pesar de su vejez y esterilidad, mientras María concibió a pesar de que aún no se había unido con su prometido José; el hijo de Elisabet iba a ser el precursor del Mesías, mientras el de María sería el mismo Mesías esperado por tantos años. ¡Qué encuentro tan tremendo!

Elisabet, con gran discernimiento espiritual reconoce a la criatura en el vientre de maría como su Señor, y sin haber oído palabra al respecto, confirma proféticamente que el hijo por nacer sería el Mesías prometido. Pero son las palabras que María derrama desde lo profundo de su corazón lo que nos impresiona e inspira. Aunque seguramente conocía el cántico que Ana, la madre de Samuel, había entonado años atrás (I Samuel 2:1-10), no hay duda de que el Espíritu Santo le hizo tener una percepción espiritual más profunda de la transcendencia de su embarazo.

“Engrandece mi alma al Señor; y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. Porque ha mirado la bajeza de su sierva…”
No hay atisbo de orgullo en María. Sólo un río de alabanza y gozo, y el reconocimiento de que Dios es su Señor y Salvador. No hay pretensión alguna de ser la madre de Dios o de ser sin pecado. Reconoce su propia bajeza, compartida con toda la raza humana, y la absoluta gracia de Dios.

“Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos”.
Su alabanza continua, exaltando el poder y la justicia de Dios en la historia, y la fidelidad de sus promesas de salvación. Qué consuelo a nuestra alma, que continuamente gime por las injusticias que vemos a nuestro alrededor. ¡No llores, alma mía… hay una justicia divina que vendrá… también a su tiempo!

Hemos sido escogidos por Dios desde antes de la fundación del mundo; hemos sido adoptados como hijos de Dios; hemos recibido el Espíritu Santo y recibimos bendiciones cada día. Pero recuerde: Todo es por la gracia de Dios, que debe hacer brotar de nuestros corazones ríos de alabanza y gozo con toda la humildad.

 

Recomendaciones prácticas

Que el reconocimiento de la grandeza de Dios, la alabanza de Su poder, y la gratitud por Su gracia y bendiciones, sean ingredientes inseparables de su experiencia cristiana; tanto en palabras cantadas o no, pero sobre todo en la actitud del corazón. Y ello vendrá espontáneamente como fruto de la meditación constante de la Palabra, y por escuchar al Espíritu Santo en su corazón.

 

Ore por:

  • Que siempre fluya de nuestro corazón alabanza y gratitud por la grandeza y gracia de Dios.
  • Que la alabanza y adoración en la iglesia sean siempre genuina y de gratitud.
  • Que en la nación el único motivo de adoración llegue a ser Dios.

 

| Abreviaturas de las diferentes Biblias utilizadas:

BAD, Biblia al Día;
BDLA, Biblia de las Américas;
DHH, Dios Habla Hoy;
NVI, Nueva Versión Internacional;
RVR60, Reina Valera 1960;
BLS
, Biblia en Lenguaje Sencillo y
PAR, Paráfrasis de diferentes versiones bíblicas.|

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